Artículo escrito por nuestra colaboradora Elena Ortega, periodista.

Ganando causas perdidas

El hecho de que millones de ciudadanos, conectados en línea, sean capaces de reunir en pocas horas cientos de miles de firmas y presentarlas ante las instituciones pertinentes, ha cambiado radicalmente el modus operandi del activismo social. Hasta hace muy pocos años, era inconcebible que ciudadanos de todo el planeta hicieran causa común, saltándose fronteras, idiomas, comunidades sociales, profesionales o generacionales.

Con la llegada de la Web 2.0, los usuarios de Internet han pasado a ser sujetos activos, capaces de interactuar. En términos de activismo social, ha significado que las personas pueden presentar peticiones particulares, apoyar campañas con su firma o invitar a otros usuarios a movilizarse. Desde 2007, Avaaz y Change, dos grandes plataformas digitales nacidas en Estados Unidos, y que cuentan con decenas de millones de miembros en todo el mundo, son el escenario donde se plantean propuestas políticas, sociales, medioambientales, legales, etc., pero también pequeñas causas iniciadas por particulares que fomentan el activismo social.

El activismo social en la red gana causas perdidas

El activismo social en la Red mueve millones de personas en todo el mundo

El dominio .org con que se registran ambas organizaciones es el que usan, preferentemente, las organizaciones sin ánimo de lucro o los proyectos de software libre. Pero, mientras Avaaz se nutre de donaciones de particulares, Change, que se considera a sí misma una empresa de emprendimiento social, se financia con la publicidad que aparece al firmar una petición.

Activismo social en plataformas online

Millones de ciudadanos, especialmente de los países industrializados, empiezan el día revisando el correo electrónico. Casi a diario reciben propuestas de estas plataformas.   Se han obtenido victorias importantes a escala planetaria gracias al activismo social: el caso de Malala, donde el gobierno pakistaní lanzó un sistema de becas para que tres millones de niños sin recursos pudieran escolarizarse, la prohibición de los pesticidas que exterminaban a las abejas en países de la Unión Europea, la firma de un plan de seguridad en el trabajo para las factorías de Bangladesh, por parte de empresas multinacionales del sector textil, y otras tantas. En lo que respecta a Change, su página española recoge más bien propuestas que surgen de los ciudadanos y tienen un alcance nacional.

Puede que cuando los miembros de estas plataformas de activismo social secundan sus peticiones vía online, obtengan algún alivio para sus conciencias y consideren cada vez menos las acciones directas y a pie de calle; o que se despreocupen por ver si sus acciones han tenido algún alcance, eso, al menos, les reprochan sus críticos. Pero lo cierto es que, cuando uno se asoma al pop up “En tiempo real”, del sitio web de Avaaz, donde desfilan, a golpe de cronómetro, los nombres de los firmantes junto a las banderas de sus países, no puede menos que emocionarse ante el espejismo de una democracia directa, un activismo social participativo y planetarip, o, al menos, ante su laboratorio de pruebas.

Más de treinta millones de personas en el mundo participan de esta nueva modalidad de activismo social, la cual se realiza ya de una manera muy organizada y reglamentada. Una parte importante de sus miembros podría encuadrarse en la categoría  “profesionales, de ideas progresistas”; ‘gente de orden’, al fin y al cabo.

En el avance de la 23.ª edición del Diccionario de la Real Academia Española, se aprecia cómo la palabra “activista” ha moderado su tono. La definición enmendada dice así: “Militante de un movimiento social, de una organización sindical o de un partido político que interviene activamente en la propaganda y el proselitismo de sus ideas”. Mejora desde luego la anterior, donde el activista “…defiende y emplea la violencia con fines sociales, políticos o económicos”. Faltaría intervenir en el Diccionario de Sinónimos y Antónimos, que ofrece para el término: “agitador, provocador, amotinador, perturbador”.